Los
abajo firmantes, en representación de los sectores políticos, de las coordinadoras de
Montevideo, de las departamentales del Interior y los ciudadanos de notoria actuación,
integrantes del Plenario Nacional del Frente Amplio, acuerdan:
1. Los frenteamplistas, como integrantes de una fuerza transformadora, profundamente
comprometida con los intereses del país y del pueblo, en el marco del actual debate sobre
la actualización del Frente Amplio propiciada por el documento del compañero Tabaré
Vázquez y con base en aportes posteriores de sectores, organismos y militantes de nuestra
fuerza política, reafirmamos:
La necesidad permanente de actualizació a partir de nuestros principios constitutivos,
todos los cuales conservan plena vigencia.
La definición social de esta fuerza política, representativa de los sectores populares
organizados, así como también de las grandes mayorías nacionales y democráticas de
nuestra sociedad.
El carácter antiimperialista y antioligárquico de nuestro proyecto, tal como lo expresó
la Declaración Constitutiva del Frente Amplio. En ese sentido el FA forma parte de la
lucha democrática y progresista de los pueblos de América Latina y del mundo.
Su condición de coalición y de movimiento, lo cual se materializa en una organización
común -con una activa participación de los comités de base-, un programa común y en la
acción política unificada de todos los frenteampistas.
La actualización permanente implica un conocimiento cada vez más profundo de una
realidad que es cambiente, a fin de proponer soluciones al conjunto de la sociedad
uruguaya, y para llevar adelante con la misma, medidas profundamente transformadoras.
Nuestra acción política tiene por objetivo la aplicación de los conceptos de
solidaridad y de justicia social en el conjunto de la sociedad y especialmente con
respecto a las situaciones de pobreza, de marginación y de incapacidad, a find de que
todos los habitantes del país, sin discriminación alguna, cuenten con iguales
posibilidades de inserción social y de desarrollo humano.
Somos una fuerza comprometida con los valores trascendentes de la democracia y de la
libertad. Promovemos la vigencia irrestricta de los derechos humanos en los planos
político, ético, cultural, social y económico. La participación popular, como un
aspecto medular de la democratización de la sociedad, la economía y el Estado,
constituye uno de los aspectos esenciales de nuestro proyecto.
Somos una fuerza respetuosa de la legalidad democrática en todos los planos y de la
vigencia irrestricta de la Constitución y las leyes, especialmente en lo referente al
acceso y a la rotación de los partidos en el gobierno.
Reconocemos la existencia de pluralidad de ideologías y de corrientes de opinión
pública y reafirmamos nuestro compromiso en el respeto de dicha diversidad, sin eludir
nunca la discusión y exponiendo los principios y el programa que definen nuestro
proyecto.
2. La situación de nuestro país y de su gente hace imprescindible el triunfo en las
próximas elecciones nacionales de un proyecto político alternativo al neoliberalismo.
Necesitamos un gobierno que comience un proceso de transformaciones profundas para
democratizar la economía, la sociedad y el Estado, con el objetivo primero de dar
satisfacción a las necesidades y aspiraciones de las grandes mayorías nacionales.
Esa alternativa popular sólo puede ser llevada adelante por una amplia conjunción de
sectores sociales y fuerzas políticas de definición progresista, de las cuales nuestro
Frente y el Encuentro Progresista constituyen una parte determinante.
El desarrollo de las propuestas programáticas para la acción de gobierno deberá ser
alcanzado en el Congreso Extraordinario del presente año. A su vez, deberá potenciar la
experiencia de elaboración programática junto con la gente y en diálogo con las
organizaciones sociales, que llevamos adelante en los últimos años. Importa recoger la
riqueza de análisis y de propuestas de una amplia trama social interesada en el cambio,
ese intercambio nos fortalece en la perspectiva de sumar fuerzas para vencer las
resistencias de minorías hoy privilegiadas.
El próximo gobierno progresista debe ser encarado como una etapa en un proyecto de
cambio, de mayor aliento y profundidad, que demanda incrementar el apoyo popular en otras
confrontaciones electorales, para dar continuidad a los cambios impulsados. Debe quedar
calaro que no podrán revertirse de un día para el otro todos los efectos de décadas de
políticas antipopulares. Las prioridades tácticas y estratégicas de la propuesta
programática de gobierno deben tomar en cuenta los objetivos de largo plazo que dan forma
a la sociedad a la que aspiramos y también deben tener presente el contexto político,
social y económico del futuro inmediato.
El primer gobierno progresista deberá implementar un proceso de transformaciones que
cambie las políticas neoliberales y concentradoras hacia un país que, potenciando a las
fuerzas sociales incentive el empleo y el trabajo, que priorice lo productivo -agro,
industria, turismo y otros servicios- sobre lo especulativo y compatibilice el crecimiento
económico con la justicia social.
Las políticas sociales serán jerarquizadas como tarea prioritaria del gobierno,
privilegiándolas en tanto que cometido esencial del Estado. Al mismo tiempo, se
revalorizará el papel del Estado en la orientación del proceso económico, y en el
fortalecimiento de su participación en las áreas estratégicas vinculadas con la
soberanía y con sectores económicos fundamentales para un proceso de desarrollo.
Simultáneamente se deberá administrar mejor el Estado e insistir en un verdadero proceso
de transformación y de modernización , así como combatir toda forma de corrupción.
No se trata de limar las aristas negativas del modelo neoliberal, aperturista y
desregulador. Se trata de proponer a la ciudadanía un programa de transformaciones que,
partiendo de nuestra realidad y de sus potencialidades, y sin falsas expectativas,
constituya un avance sustantivo en este país, en esta región y en este mundo
globalizado, en el marco de nuestro proyecto nacional, popular y democrático.
La afirmación de la soberanía política y económica, el cumplimiento de los compromisos
internacionales asumidos, sin perjuicio de su renegociación en términos más ventajosos
para el país, y la generación de una política de verdadera integración regional deben
ser metas del Plan de Gobierno 2000-20005.
En una línea de profundización de la democracia, el gobierno progresista promoverá
canales de participación y de expresión de la voluntad de las grandes mayorías
nacionales, tanto en lo institucional como en lo electoral, pero también a través de las
más diversas formas de asociación y de organización social y política.
3. Tal como se resolviera en el III Congreso Ordinario del Frente Amplio "Profesor
Juan José Crottogini", el Encuentro Progresista, del cual somos fuerza fundadora e
insoslayable, debe seguir desarrollándose, ampliándose y, afirmando su funcionamiento
político. El fortalecimiento de ambos instrumentos políticos, del Frente Amplio y del
Encuentro Progresista, no se contrapone, la unidad e identidad frenteamplista son
esenciales a la hora de potenciar el proyecto político más amplio de los sectores
progresistas y de cambio.
El Encuentro Progresista es una herramienta política transformadora, idónea para
habilitar la participación de las grandes mayorías nacionales, sociales y políticas. Su
afianzamiento y fortalecimiento son prioritarios en relación con el objetivo estratégico
de obtener el gobierno en las elecciones nacionales de 1999, y a partir de ello comenzar
la transformación que el país y su gente necesitan.
Reafirmamos la idea de un Encuentro Progresista abierto a la incorporación de otras
fuerzas políticas. Asimismo reafirmamos la validez y la legitimidad de una estrategia de
ampliación de las alianzas o acuerdos del Encuentro Progresista con otras fuerzas
políticas y sociales, así como la necesidad de un permanente y fluido relacionamiento
con la sociedad civil.
Reafirmamos asimismo lo resuelto por el III Congreso Ordinario en lo referente a las
"alianzas sociales" cuando establece la necesidad de "expandir nuestra
capacidad propositiva hacia (...) los trabajadores, los tradicionales sectores medios, las
nuevas capas medias, los sectores excluidos y marginados, los jubiliados, los
cooperativistas", de establecer "un mejor relacionamiento con los sectores
empresariales de la ciudad y el campo para conocer sus demandas, sus propuestas y con ello
enriquecer nuestros propios conocimientos y propuestaas", y de "diseñar
políticas específicas para cada uno de estos sectores sociales sobre la base de una
fluida relación y el respeto de la autonomía de cada uno de ellos".
Por otra parte, participar en las diversas formas de organización y de movilización
intersociales constituye una orientación importante para el FA en la medida en que
contribuye al fortalecimiento del entramado social. De esta forma, el amplio descontento
supera el individualismo y la fragmentación y se va convirtiendo enfuerza para el cambio.
En la perspectiva de un gobierno progresista constituye un objetivo de primer orden gestar
esta amplia alianza social que sustente el proyecto transformador.
4. Para una fuerza política con la responsabilidad histórica que hoy tiene el Frente
Amplio, con el propósito de mantener y acrecentar su credibilidad ante la gente y, sobre
todo con el objetivo de hacer posible el proyecto de cambio, se hace absolutamente
imprescindible reafirmar en los hechos la democracia interna y la unidad de acción. Estos
dos elementos, esenciales al tipo de fuerza política que es el FA desde su fundación,
adquieren mayor relevancia aun en el contexto de las grandes luchas que tenemos por
delante; en el marco de la ofensiva de las políticas neoliberales, y ante el desafío de
construir un gobierno popular.
La más amplia participación, desde los comités de base, las coordinadoras y
departamentales y en todas las instancias orgánicas, enriquece las discusiones y
fortalece las decisiones. Respetar esta democracia interna significa que las resoluciones
comprometen a toda la fuerza política. En los temas en que no se logren consensos, el
respeto de las ideas minoritarias, se complementa necesariamente con la unidad de acción
en torno a las decisiones mayoritarias.
La democracia interna debe combinar la amplitud y profundidad de la discusión con la
eficacia en la forma de decisiones, para que éstas se adopten en tiempos políticos que
permitan las respuestas adecuadas en los momentos precisos. Esto último cobra especial
trascendencia cuando se asume una tarea de gobierno, nacional, departamental o local. Toda
la orgánica frenteamplista debe asumir responsabilidades y tomar decisiones. Adoptada una
posición política, dentro de las atribuciones estatutarias y de acuerdo con los
procedimientos democráticos establecidos, la misma constituirá una decisión válida y
obligatoria para todos los frenteamplistas, en especial para quienes representan pública
o institucionalmente a nuestra fuerza política. Ello significa, como lo establece el
Compromiso Político de 1972, que dicha resolución implica un "mandato
imperativo" para todos y cada uno de los componentes del Frente Amplio.
5. Los frenteamplistas ratificamos la vigencia de los documentos fundamentales del FA
(Declaración Constitutiva, Compromiso político, Bases programáticas y Estatuto) y
reafirmamos nuestro compromiso histórico y ético de respetar la democracia interna y de
asegurar en todos los planos la unidad de acción.
La adhesión al Frente Amplio, en tanto constituye un acto voluntario, supone asimismo la
posibilidad ética y política de separarse de él por parte de quienes entiendan que sus
principios, estrategia o conducta, son incompatibles con los definidos colectivamente.
Al suscribir este documento político reasumimos y jerarquizamos un compromiso histórico
que constituye un valor ineludible y claramente definido en los documentos fundacionales;
lo hacemos ante nosotros mismos y ante el pueblo; tanto respecto de los principios
políticos como de las conductas éticas expuestas anteriormente.
6. Corresponde establecer que, en caso de producirse una situación de incumplimiento de
las resoluciones orgánicas, toda persona o sector que ignore el principio de la unidad de
acción desconociendo la democracia frenteamplista, se contrapone al proyecto, en tanto
afecta negativamente a la fuerza política y al desarrollo de los objetivos que ésta
impulsa.
Producida esta situación de incumpliendo de las resoluciones orgánicas, y de no mediar
lo establecido en el inciso 2º del punto 5º, el Plenario Nacional, en el marco de las
disposiciones estatutarias vigentes se pronunciará, en su oportunidad, y determinará si
se configura una ruptura unilateral de los compromisos políticos asumidos.
En Montevideo, a los 18 días del mes de abril de 1998, en torno a las definiciones
fundamentales que integran este documento, asumimos un compromiso voluntario e
inquebrantable hacia el futuro.
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